
Es una guerra constante, y yo estoy en ambos bandos
liderando a los adversarios;
destruyendome poco a poco,
carcomiendome poco a poco.
Siendo arbitraria y mediadora,
ajena a la rivalidad frente al resto,
como los insectos pisados durante la lucha.
En la guerra no hay empates.
¿Quién quiero que gane?
Si no hay un bueno ni un malo,
ni pocos ni muchos...
Sólo yo manteniendo el equilibrio,
intentando mantenerlo,
alargando la batalla
hasta saber quién matará a su propia reina.
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